domingo 15 de noviembre de 2009


En un beso... sabrás todo lo que he callado.
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(Pablo Neruda)

sábado 7 de noviembre de 2009




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¿Sufre más aquél
que espera siempre,
que aquél que nunca,
esperó a nadie?


(Pablo Neruda)

viernes 30 de octubre de 2009


Amigo no es aquel que te hace reir con grandes mentiras,
sino aquel que te hace llorar con grandes verdades.

(Anónimo)

miércoles 21 de octubre de 2009


No quiero renunciar a la deliciosa libertad
de equivocarme.

(Charles Chaplin)

sábado 10 de octubre de 2009






Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades
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Miguel de Cervantes

viernes 2 de octubre de 2009


Algunas veces busco, un adjetivo,
inspirado y posesivo, que te arañe el corazón.
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Joaquín Sabina

sábado 26 de septiembre de 2009







-Usted ve,
pero no observa-



Sherlock Holmes

domingo 20 de septiembre de 2009

Tiempos de espera

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Tras la oscura y antigua celosía
rodeada del debido respetuoso silencio,
se intuyen sedosos velos que ocultan
mil placeres vedados sin precio.
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Ojos de topacio que observan
llenos de curiosidad, inquietos,
manteniendo la mirada inclinada
en postura natural de obediencia.


Mares de intensos matices
rojos ardientes, verdes y azulados,
cubren los fríos suelos de mármol
derramados en movimiento.
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Larga y paciente espera
de quién ha de llegar sin falta,
desconocido aún para ella
que será dueño de su cuerpo y alma.


Suspiros a veces turbados
que cual repentína tempestad ondulan,
las escondidas y níveas curvas
que de su cuerpo se revelan.
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Sus trémulos senos, a liberarse aguardan
tibia humedad recorriendo sus labios,
viajando por la piel que agitada despierta
en cálida sinfonía de sensaciones plena.
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Inmersa y perdida mas allá de los sueños,
cruzando el límite de los sentidos,
de la confusa frontera llamada fantasía
desafiando el paso del tiempo y la utopía.

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Sabiendo, que aún en su larga
y a veces eterna vigilia,
inmersa en la frustración o desesperanza
que aquél que ha de llegar la espera
...
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...y ansía.

martes 15 de septiembre de 2009

A veces siento...


Que me alejo... y acerco,
que me excito... y me enfrío,
que me protejo... y enfrento,
que me ilumino... y me oscurezco,
que me pierdo... y encuentro,
que me olvido... y me acuerdo,
que me oculto... y muestro,
que me impaciento... y me espero,
que me niego... y acepto,
que me temo... y me enfrento,
que me alegro... y entristezco,
que me lanzo... y me detengo,
que me abro... y aislo,
que me calmo... y me acelero,
que me caigo... y levanto,
que me enfado... y me beso,
que me daño... y recupero,
que me observo... y me ignoro,
que me admiro... y critico,
que me silencio... y expreso,
que me cierro... y me entrego,
que me entiendo... y confundo,
que me quiero... y me hiero,
que me rapto... y libero,
que me afirmo... y me niego,
que me rebelo... y obedezco,
que me impulso... y me freno,
que me hundo... y renazco,
que soy... sin serlo.
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jueves 10 de septiembre de 2009

[...La primera vez que nos a-costamos me sujetó las manos por encima de la cabeza. Me gustó. El me gustaba. Era hosco, en una forma que se me antojaba romántica; era gracioso, brillante, tenía una conversación interesante; y me daba placer.
La segunda vez, recogió mi foulard del suelo, donde yo lo había tirado al desnudarme, sonrió y dijo:
-¿Me dejas que te vende los ojos?-
Nunca me habían vendado los ojos en la cama, y me gustó. El me gustó más aún que la primera noche y, después, mientras me lavaba los dientes, no podía dejar de sonreír: había encontrado a un amante extraordinariamente habilidoso.
La tercera vez, me puso repetidamente a punto de correrme. Cuando estaba por enésima vez dispuesta a estallar, volvió a detenerse; oí mi voz incorporal suplicarle que siguiera. Me contentó. Estaba empezando a enamorarme. La cuarta vez, cuando estaba lo bastante excitada como para perder el mundo de vista, empleó el mismo foulard para maniatarme. Aquella mañana, me había mandado trece rosas a la oficina...]
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[... Poco antes de media noche, nos tumbamos en su cama. Resulta que para empezar no hemos bebido vino, sino que hemos hecho el amor; apresuradamente y casi del todo vestidos; nos hemos duchado juntos y le he dicho que es mi primera ducha en diez años, que me gusta mucho más el baño. Envueltos en toallas, hemos comido tres grandes pedazos de pastel de moras que habían sobrado de la cena y hemos terminado una botella de Chablis. Estoy recostada boca arriba, mirando al techo, con los brazos debajo de la cabeza. El está tumbado cuan largo es, boca abajo. Su brazo derecho sujeta la cabeza y el izquierdo está extendido, ligero, sobre mis pechos. Cuando voy por la mitad de la relación estadística que me ha pedido -hermanos y hermanas, padres y abuelos, lugar de nacimiento, colegios, empleos- me detengo y cierro los ojos... Por favor, pienso, sin poder articular los pensamientos, incapaz de volverme hacia él y hacer un movimiento inicial, por favor...
-Quiero enseñarte algo -dice, rompiendo el silencio. Sale de la habitación, regresa con el espejo para afeitarse, me da una bofetada, y se sienta en el borde de la cama. Mi cabeza ha caído de lado sobre la almohada. Me coge firmemente por el pelo y me obliga a girarme hasta mirarle. Levanta el espejo para que pueda verme y observamos juntos la marca simétrica que se dibuja en mi mejilla. Me miro fijamente, hipnotizada. No reconozco esa cara; está en blanco, un lienzo donde pintar cuatro manchas, como pintura de guerra roja. Las sigue dulcemente con los dedos.
Al día siguiente, en un almuerzo de negocios con un cliente, pierdo el hilo de mis pensamientos a media frase cuando la imagen reflejada en el espejo de anoche emerge en mi cerebro. Me inunda un deseo tan intenso que siento náuseas. Aparto el plato y escondo las manos bajo la servilleta. Cuando pienso que aún faltan cuatro horas para verle, me dan ganas de llorar...]
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[... Llama a un taxi. Terminamos en Brooklyn. en una pequeña y oscura tienda de artículos de caza. Hay dos dependientes, uno digno y entrado en años, el otro adolescente. Somos los únicos clientes. Están colocando etiquetas con el precio a chalecos aislantes, de ésos que se llevan debajo del anorak. Dejo mis paquetes en una silla, doy unos pasos, me aburro, me siento en el borde de un viejo escritorio de caoba, cojo y hojeo un New Yoker de hace tres años, que tiene un aspecto milagrosa y perfectamente nuevo.
-Supongo que ésta irá bien -dice.
Miro hacia el mostrador y él me está mirando. Tiene una fusta en la mano.
-Me gustaría probarla.
Siento un extraño cambio de situación: de un segundo a otro, me he desorientado, estoy en territorio extraño, en un país extranjero. En dos o tres zancadas, llega hasta donde estoy medio sentada en el escritorio, con un pie en el suelo y el otro meciéndose en el aire. Me levanta la falda por la pierna izquierda, que está apoyada en el escritorio, da un paso atrás y me golpea en la cara interior del muslo. El dolor cortante es parte inseparable de una ola de excitación que me corta el aliento, el habla y la capacidad de moverme; hasta la última célula de mi cuerpo se inunda de deseo.
La pequeña y polvorienta habitación está en completo silencio. Los dependientes se han quedado helados detrás del mostrador. Me alisa lentamente la falda y se vuelve hacia el mayor de los dos, que viste traje y tiene aún aspecto de contable, aunque un rubor profundo se extiende desde el cuello de su camisa hacia arriba. -Esta vale-...]

Texto extraído de la novela Nueve semanas y media de Elizabeth McNeill, y en la que se inspiró dicha película.

sábado 5 de septiembre de 2009

Hilo rojo...












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(Antigua leyenda china)

domingo 30 de agosto de 2009

[...Bajamos en South Kesington. Tras un breve paseo, nos detuvimos ante una alta verja gris de hierro, una de cuyas hojas estaba entreabierta, y entramos en un jardín que me encantó.
Era viejo y anticuado, decadente y polvoriento, con parterres circulares situados exactamente en medio de cada segmento de césped, rodeados por piedras blanquecinas de formas irregulares. Los senderos serpenteantes estaban ligeramente cubiertos de grava; las flores, ajadas; los arbustos, destrozados; y un penoso y escuálido follaje coronaba los altos árboles. Incluso la maleza que brotaba al borde de los senderos parecía cansada.
El sol se ocultaba detrás de una hilera de pequeñas nubes. El aire estaba cargado e inmóvil. El cielo se había tornado gris.
-Es precioso –dije-. Sería espantoso si estuviera cuidado y radiante. Un jardín así sólo está bien cuando tiene este tipo de descuido nostálgico.
-Sabía que te gustaría.
Avanzamos por uno de los senderos, caminando lentamente uno junto a otro. Él hablaba sin mirarme, pero yo no le escuchaba. Me pareció tonto y vulgar, y me sentí tonta y aburrida. No podía entender cómo tan sólo media hora antes había podido provocar aquel hombre mi ira y mi insolencia.
Intenté prestarle atención por un instante. Decía algo acerca de un tribunal de selección de oficiales durante la guerra. De repente se paró y se giró hacia mí. Yo también me paré y me volví hacia él. Sí, tiene unos ojos raros, pensé.
Él estaba diciendo:
-Era absurdo. Simplemente no había suficiente personal oficial apropiado. La entrevista se convirtió...
No me derribó, ni tampoco me empujó. Me cogió por la cintura y por los hombros y me inclinó hacia atrás. Yo tenía miedo a caerme, pero, al sentir la fría superficie de piedra bajo mi cuerpo, la sorpresa atenuó mi miedo. Me tumbó. Mis pies todavia tocaban el suelo y un borde duro se me clavó detrás de las rodillas. En cuanto me tuvo totalmente extendida, se metió dentro de mí. Todo ocurrió en cuestion de unos cuatro segundos. Fue algo veloz, imprevisible y fácil; pero que al mismo tiempo parecia imposible, como la interpretacion de un virtuoso. Desde luego nadie lo podria haber considerado una violación; no hubo forcejeo, ni violencia, ni amenaza, ni intento de resistencia.
Yo no estaba ni dispuesta ni renuente. No estaba de ningún modo. Simplemente no tuve elección. Ni siquiera advertí que detrás de mi había un banco de piedra, cuando nos detuvimos y se interrumpió en medio de una frase.
Postrada sobre la superficie fría y dura, me sentí completamente desvalida; mas que en ningun otro momento de mi vida. Y él siguio con la misma indiferencia de antes, sin abrazarme ni tocarme. Cerré los ojos. Era como si tuviera las manos en los bolsillos. En ese mom
ento temí que no continuara y fuera a parar. Y casi inmedia-tamente después mis esperanzas y miedos se desencadenaron.
Aliviada, sentí las sacudidas de unos sollozos secos, como un llanto sin lágrimas. Todavía me costaba respirar cuando paró.
Me cogió por las muñecas, y me sentó. Mantuve los ojos cerrados.
Me dió unos cachetes en la mejilla y dijo: -Eres mi pequeña–.
Y luego: -Vamos, levántate...]

[... Mi abuela decía: “Existen personas a las que hay que forzar a ser felices”. Cada vez que él me dominaba contra mi voluntad, y me forzaba a aceptar el dolor que me infligía y a no seguir luchando contra el, yo sentia vergüenza y enfado. Y sin embargo, mas allá de esas emociones, él me llenaba de una profunda y extraordinaria felicidad, de una satisfacción que nunca antes habia conocido...]

(Texto extraído de la novela de Edith Templeton: Gordon)

miércoles 26 de agosto de 2009


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Cuando las palabras que uses no sirvan en tu defensa,
usa el silencio.

Anónimo

jueves 20 de agosto de 2009


-Yo no diría que lo resolví de manera brillante, lo único que hice fue seguir un razonamiento analizando todas las pistas.Observar y razonar son dos constantes en mi vida que no puedo dejar, querido Watson-

Sherlock Holmes

sábado 15 de agosto de 2009

Nada es lo que parece...



Esta es una de esas películas que mas vale ver tarde que nunca y que confieso que en su día cuando se estrenó me quedé con ganas de ver... quiero desde aquí agradecer especialmente a quien me la recomendó/recordó porque me ha encantado; no sé quien de los dos (el intenso, inteligente y misterioso mago Eisenheim, o el analítico y racional Inspector que le persigue hasta descubrir la verdad) me ha fascinado "mas", o con cual me sentí mas identificada -puede que con ambos, modestia aparte :P-.

Para quien no la haya visto, y quiera pasar un rato vagando entre el desconcierto y la lógica mas absoluta, entre el misterio y la realidad, entre la magia de lo oculto y el afán de descubrir que se esconde tras esa aparente ilusión, y toda esa fascinante mezcla bañada con la dosis adecuado de romance e intriga... ya sabe que debe hacer... o no... porque nada es lo que parece... ni nadie ;)

Siempre... Betty ;)